Carlos III de Borbón (1716-1788), también conocido como “el mejor alcalde de Madrid”, fue también Duque de Parma, Rey de Nápoles y Rey de Sicilia antes de ser Rey de España.
Al subir al trono, tuvo que hacer frente a la Guerra de los Siete Años, terminando la guerra con la Paz de París de 1763. Se cedieron Florida y territorios del golfo de México a Gran Bretaña a cambio de la devolución de La Habana y Manila.
Tras ello, vino la Guerra de la Independencia de EEUU, en la que se intervino junto a Francia a favor de los americanos contra Gran Bretaña. El Tratado de Versalles de 1783 puso fin a la guerra, se recuperó Menorca, Florida y la costa de Honduras.
En su política interior trató de modernizar la sociedad utilizando su poder absoluto bajo un programa ilustrado rodeándose de secretarios y colaboradores de esta nueva tendencia tales como el Marqués de Esquilache, Aranda y Floridablanca.
Amplios sectores de la nobleza y órdenes religiosas, destacando los jesuitas, se opusieron. Por ello, mediante el Real Decreto del 27 de febrero se les expulsó del país y se confiscó sus posesiones.
Algunas de sus medidas fueron restringir los privilegios feudales, la división de latifundios, el reparto de tierras, el sistema de regadíos y alcantarillado y la liberación del comercio y las aduanas, reformas agrícolas que vendrían de la mano con las Sociedades Económicas de Amigos del País y la colonización de Sierra Morena con inmigrantes alemanes. Apoyó la industria privada y el comercio con las colonias mediante una reforma en sus administraciones, incrementando rentas y mejorando las defensas, aumentando el florecimiento de la burguesía y la creación del Banco de San Carlos.

Nuestro monarca Carlos III retratado por Goya
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