domingo, 8 de enero de 2012

La peste negra


Fue la pandemia que afectó a Europa durante el s.XIV, llegando a su punto máximo entre 1347 y 1353, llegando a Europa a través de las rutas comerciales desde Asia, posiblemente a través de marineros. Aunque comenzó en Messina, posiblemente su verdadero origen está en algún lugar del norte de la India, en las estepas de Asia central.

En Florencia, solamente un quinto de la población sobrevivió. En la actual Alemania, se cree que fueron uno de cada diez los habitantes muertos, siendo las ciudades más afectadas Hamburgo, Colonia y Bremen. En total, falleció un tercio de la población europea (unos 25 millones) desde comienzo del s.XIV.

Desde luego, la concentración de personas en ciudades pestilentes, la contaminación de los pozos, la falta de sanidad, las calles donde cerdos y ratas pululaban a sus anchas y la invasión de pulgas fueron la ayuda para extender el tifus, disentería y gripe.

La enfermedad más común fue la peste bubónica, conocida popularmente como “muerte negra” por las manchas que aparecían en la piel a los que comenzaban a padecer la enfermedad. Se producía cuando una pulga infectada picaba a una persona o en casos de infección por materiales contaminados en la piel a través de heridas. Al paciente se le hinchaban y dolían los ganglios (bubones), aparecía la fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y debilidad. En la mayoría de los casos, el paciente terminaba falleciendo.

Todo ello provocó una paulatina caída de la productividad y creciente malnutrición. La profesión más peligrosa era la de comerciante de paños (las pulgas se escondían entre los tejidos), de hecho, una de las primeras medidas en Europa para evitar el contagio era quemar la ropa de los infectados o prohibir la entrada de cargamentos de tejidos.

No solo afectó al estamento llano, también numerosos nobles murieron por causa de la peste, tales como Alfonso XI de Castilla, Juana II de Navarra o Margarita de Luxemburgo.

Se acusó rápidamente a los judíos como causantes de la epidemia por medio de la intoxicación y envenenamiento de pozos. En consecuencia, en muchos lugares de Europa, se iniciaron pogromos judíos y una extinción local de sus comunidades, a pesar de que se intentó impedir esta situación, había tal falta de autoridad causada por la agitación, que generalmente no había nada que hacer.



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